martes, 10 de mayo de 2011

Ses Salines



Ses Salines era la siguiente playa según mi ruta previamente programada. Se accede por la misma carretera que Es Cavallet, de hecho está al lado, adentrandote un poco más en la carretera que cruza las salinas al sur de la isla. Nada más llegar puedes ver una tira de coches aparcados cerca de un restaurante llamado mar y sal. Pasas por la misma puerta para encontrar el acceso a la playa. Está muy bien señalizada y los accesos son de madera. A pocos pasos se presenta una playa de ensueño, que no puedes ver si no traspasa la pinada que separa la orilla de las salinas. Una vez pisas arena y como todas aquí lo primero que te encuentras es un chirringuito, en esta playa hay exactamente cuatro. Me adentro en la playa y mojo mis pies, el agua es clara y limpia de una arena clara, no parece tener mucha profundidad y por la gente bañándose mar adentro intuyo que así es, ya que están lejos de la orilla y aún los veo pisar tierra firme. Camino por el límite entre la arena seca y las olas que mojan este trocito de tierra. Es una playa familiar y a las cinco de la tarde un martes de mayo está bastante llena. En el último de los chiringuitos veo una moto acuática barada en la costa, entre roca y roca, creo que alguien ha aparcado en el agua como quien aparca en la puerta de un bar en tierra firme, levanto mi mirada y veo a Pocholo, quien si no iba a venir y aparcar su moto de esa manera, creo que es suya porque viste un mono de neopreno y como no, porta un vaso con presumiblemente un mojito del chiringuito. Bien, creo que tendré que ir contabilizando las veces que veré a Pocholo, con esta llevamos una. Si eres capaz de recorrerte la costa, sera algo más de un kilómetro, encontrarás un fantástico premio. La playa de arena se rompe y empieza una formación rocosa que entre roca y roca regala pequeñas calas. A medida que sigues andando por un camino donde la frondosa pinada te queda a la izquierda y la costa a tu derecha irás encontrando estas calitas, ahora elijo la mia. Una cala de arena entre las rocas, solitaria y silenciosa, planto la toalla. Mi silencio se ve interrumpido por un grupo de tres chicas y un niño pequeño, acompañadas por un fotógrafo profesional y se disponen a hacer un reportaje. Me voy a estrenar mi material de buceo. Es una pasada ver el mar así, es como si fueras tú mismo el que realiza un documental acuático. Sólo oyendo tu respiración y delante de tus ojos la grandeza del mar. La versad es que me da un poco de miedo tanta agua, deben de ser las secuelas de pertenecer a la generación de la saga de tiburón, pero me dejo llevar por las olas y sigo a los pececillos que encuentro en mi camino. Me imagino desde fuera y debo de tener una pinta bastante cómica, yo lo titularia la ballena marrón, porque otra cosa no pero os aseguro que me estoy poniendo morena y cuando pise la peninsula no tendré el culo blanco... Ya que en esta zona de la playa se puede prácticar el nudismo, así que desnuda con aletas, gafas y tubo... Ya me direis la pinta que debo de tener, bueno al menos ya me despoje de mi pelaje invernal y luzco un bello depilado. Seco mi cuerpo con estos tímidos rayos de sol del mes de mayo y abandono mi cala conquistada. Pero esta vez en lugar de volver por la orilla de la playa decido adentrarme en la pinada. Es un contraste fantástico y su sombra es agradable después de mi baño de sol. Casí al final de mi paseo encuentro un gran parking de coches, que al parecer es de pago por eso decidí no dejar mi coche aquí pero al acercarme a pie veo que en las casetas de las barreras no hay personal trabajando, debe de ser que no estamos en temporada y el aparcamiento en esta zona la verdad que no es un problema, veremos en el mes de julio o agosto. Encuentro mi coche aparcado fuera de est recinto de pago próximo al restaurante mar y sal. Odio tener un coche negro cuando hace tanto sol, tendré que hacerme con uno de esos parasoles para el coche.
Una playa recomentable si vienes en familia.

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